Cuando la calle se hizo dignidad: La historia de cómo derrotamos la Ley Pulpín y pusimos a temblar al poder

Ernesto Mogrovejo, Suriel Chacon y Roger Ccoa en la Marcha contra la Ley Laboral Juvenil

A finales de 2014, el gobierno de turno y los sectores empresariales más poderosos intentaron dar un golpe silencioso a los derechos de las nuevas generaciones. Bajo la fachada de promover el empleo juvenil, se aprobó con premura la Ley N° 30288, rápidamente bautizada por la ciudadanía como la «Ley Pulpín». La norma recortaba derechos fundamentales: eliminaba la CTS, las gratificaciones completas y reducía el acceso a salud y vacaciones para los jóvenes de 18 a 24 años. La promesa era reducir la informalidad, pero la realidad era la precarización institucionalizada del trabajo.

El descontento no se quedó en las pantallas; saltó a las calles. Lo que comenzó como una chispa de indignación se transformó rápidamente en un movimiento nacional e internacional indetenible. Una gesta impulsada desde el núcleo de la resistencia por Ernesto Mogrovejo, Omar Suriel Chacón y Rogger Ccoa, junto a miles de ciudadanos autoconvocados.

El nacimiento de la lucha y el imprevisto que encendió la Av. Arequipa

La chispa terminal desató su furia justo un 20 de diciembre, fecha que marcó el cumpleaños de Ernesto Mogrovejo, convirtiendo la celebración personal en el inicio de una batalla cívica sin tregua.

El plan inicial comenzó en la Plaza San Martín. Sin embargo, en la primera gran convocatoria todo parecía dispuesto al revés: nos quedaron mal con el megáfono y la pancarta. Ante el vacío logístico y la gente preguntando por los organizadores, no hubo espacio para las dudas: tocaba tomar la batuta.

Sin equipos tradicionales, la columna humana tomó una decisión audaz: marchar rumbo a la mismísima Confiep en Miraflores, tomando de largo toda la Avenida Arequipa. Los grandes medios de comunicación tradicionales ignoraban olímpicamente la movilización, pero las redes sociales empezaron a hacer un trabajo feroz. En ese trayecto de resistencia y asfalto comenzaron a tejerse los verdaderos lazos de la lucha: se sumaron colectivos, agrupaciones de sikuris, el bloque de hip-hop y cientos de ciudadanos libres. Las calles ya no pertenecían al poder político; eran de la gente.

Organización milimétrica: Del chat privado a las regiones y el mundo

Conforme crecía el movimiento, los teléfonos no paraban de sonar. A Ernesto y al equipo les tocaba contestar los mensajes internos de cientos de personas que se ponían a disposición de la lucha. El filtro era claro pero estratégico: preguntar de qué parte del país eran, qué sabían hacer y cómo podían sumar.

Así se estructuró una red nacional impecable con zonas definidas. Se armó un núcleo fundamental de diseño a cargo de MANGO. Gracias al talento gráfico de este equipo, cada pieza visual era enviada estratégicamente por interno a todos los rincones del país y distritos. La consigna era quirúrgica: todos los departamentos, distritos y regiones debían subir el mismo banner y la misma publicidad exactamente a una misma hora, acompañados de respuestas personalizadas locales.

La organización desbordó las fronteras del Perú. La marea de protesta se levantó en diferentes partes del mundo gracias a peruanos en el extranjero. Fue en este entramado global donde Ernesto conoció a Nicolás Figueroa, un genio de la robótica peruana que se encontraba en París terminando un curso y cuyo talento y articulación hicieron posible múltiples acciones clave, sembrando además el camino para las futuras batallas, como la histórica marcha contra la televisión basura.

El clímax: Gritar en silencio en el transporte público

La presión ejercida por la ciudadanía organizada —coordinada desde las trincheras digitales y las calles por referentes como Ernesto Mogrovejo, Omar Suriel Chacón y Rogger Ccoa— dobló el brazo al Congreso de la República.

El 26 de enero de 2015, la noticia esperada estalló. Ernesto recuerda el momento exacto: iba a bordo del transporte público cuando se enteró de la derogatoria por una llamada de Omar. A su al rededor, los pasajeros celebraban la noticia con la misma euforia desaforada con la que se grita un gol de la selección. Ahí iba él, un «NN» ante los ojos de la multitud en el microbús, guardando el secreto y las ganas de gritar a voz en cuello: «¡Yo fui uno de los artífices de esta batalla!». Pero la satisfacción íntima era inmensa; estaban profundamente contentos porque sabían que el esfuerzo colectivo había valido la pena.

Una victoria que dejó huella histórica

La caída de la Ley Pulpín el 26 de enero, lo cual sirvio de inspiracion para Omar y su Tiempo 26, un noticiero digital formidable… Toda la lucha demostró que cuando la ciudadanía se organiza con disciplina, inteligencia táctica y corazón, ningún pacto de élites puede ignorar la voz del pueblo. Aquella victoria demostró que el verdadero motor del cambio nace desde abajo, desde el asfalto, el diseño compartido y la hermandad de un país que decidió no callar jamás.

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